La apuesta del autor por el equilibrio entre líneas rectas, curvas y transparencias  donde la composición y el color ganan peso fundamental se unen para formar figuras antropomórficas, en un intento difuso por volver al pasado. 

 

Son temas personales y sociales los que le envuelven, pasando por un filtro subjetivo donde el gesto se vuelve primordial creando la balanza de peso entre belleza y soledad, bucándose a si mismo, sus males y sus perturbaciones, sus sueños y sus carencias, el crecimiento de la persona alejándose de la sensibilidad del alma.

 

Sus dos principales obras, marcaron el peso de su discurso pictórico. Primeramente tenemos “Fraction”, Fracción, un canto a la sabiduría y la religión, viendo diferentes puntos de vista reflejados en conceptos, como son el libro abierto impuesto sobre una mano flotante, metáfora de la sociedad y la educación reglada. Podemos observar la ausencia de brazos, siendo esta forzada e inadaptada para los diferentes indivíduos.  Todos pasámos por el mismo canon. Seguidamente observamos el ser humano reflejado como un hombre y una mujer, en un trono de  forma ovalada recordando al ciclo eterno de la vida, la figura femenina tiene algo que esconder pero a la vez le muestra al hombre todo lo que sabe, su conocimiento extraído de la naturaleza, ella misma y el fruto. Mientras que él, ciego por condescendencia, aparta la mirada de los escritos buscando a su otra mitad complementaria pero igualmente es incapaz de verla ni tocarla. Todo esto en una oda al universo infinito que es la vida, posándose en su regazo. 

 

En un segundo escalón, el artista buscó su maduración en un tema como Emigrar, recogido en un tríptico al título de “Emigrate”. En este aspecto el pintor se encarna en un viaje, remitiendo elementos como los pájaros que definen en su esplendor el poder de viajar para buscar un lugar mejor donde asentarse y redefinirse. Volvemos a encontrar las figuras entrelazadas en un cosmos lleno de curvas infinitas y geometría que las envuelven realzando su importancia y mezclándolas con el fondo, creando un espacio único y surrealista, limitado pero a la vez profundo. Podemos ver en el primer cuadro como el individuo intenta seguir una fila de personajes huecos, donde esperan a su viaje y a su destino para volver a llenarse, y donde él decide seguirlos llevando consigo de la mano a su nido, su hogar, que podemos verlo representado en la segunda parte del tríptico. En el último cuadro sin embargo podemos ver su antítesis, como el camino toma otra dirección, partiéndose el sujeto en dos: su parte carnal avanza sin mirar atrás hacia ese distinto final mientras que su otra mitad resiste en quedarse en su núcleo madre. Un viaje que se debate entre la nueva aventura y la añoranza, la confianza por la búsqueda y la pérdida de sus comienzos.

 

Estas reflexiones muestran aspectos de la vida, donde abordan a la vez, cuestiones duales que escalan desde la sociedad hasta el individuo, desde el conjunto hasta el más profundo de nuestros pensamientos en el que nos encontramos ante la lucha solos. Un uno contra uno donde podemos sobrellevarlo con la empatía del prójimo que se encuentra lo más probable, en tu misma situación. Pero al fin y al cabo problemas y desequilibrios que tenemos que lidiar con nosotros mismos aunque vivamos en sociedad, porque ahí encontramos la contradicción del ser humano, y la sensación de vacío cuando no existe el silencio en el lugar que nos rodea.

El siguiente proceso de crecimiento de la obra se centra en el conocimiento antropomórfico. Donde la anatomía humana toma protagonismo en forma de retratos, representados como bustos y también como cuerpos enteros. Analizando la belleza de estos en un equilibrio constante. Una visión sensible de la carne, la pose y la naturalidad del ser. Podemos observar un gusto por el gusto, el arte por el arte, pero de hecho el creador quiere reflejar la delicadeza y la susceptibilidad a la que estamos expuestos. Donde, lejos de ser de piedra somos seres absorvedores, y blandos como esponjas. Dedidió hacer gran parte de esta tirada con la técnica de la acuarela para poder transmitir mejor al espectador esta percepción de dilución frente al frío cálculo de la geometría y del control. En títulos como el conjunto de “Escucha, Mira y No digas”, “Abuso de payasos y la indiferencia del público”, el trío ”Indian Busts”, “Esencia”, “Guerrera”, “Poder”, “Santa Jordina”, “Woman reflected”, “Ella es solo suya”, “Deseo, pecado y martirio” y acabando con “Conversión”. Un recorrido que nos vuelve a traer al nacimiento, pasando por todos los seres que nos rodean pero volviendo a la consciencia del individuo, una oda por volver a encontrarse y reconocerse. 

 

En el propio camino de esta temática, como hemos dicho anteriormente, emparejada con la fuerza de la sociedad y del conjunto enverso a nosotros, se abre camino una serie de obras donde aún existe más transparencia si cabe. Un conjunto de telas encariñadas entre si, donde efectivamente, volvemos a recargar el tema de la plenitud humana y de la duplicidad, reflejando esta repetición física como equilibrio entre cuerpo y mente, entre comunidad y elemento, la eterna dualidad a la que estamos sometidos. Para reflejar esta fina línea de interacción, decidió utilizar la única técnica posible; el trazo sin relleno, mostrando este vacío dispuesto a llenarse o vaciarse siendo nosotros cuencos receptores. Podemos observarlos en obras como “Introspección”, “Historia con sangre”, “Soledad conjunta” , “La Silla”, “La Casa”, “Ventana al exterior”, “Fuera de mí”, el tríptico “Puzzle” y “Soledad Conjunta II ”.

Estas intersecciones entre cuerpos creando inclusive otras formas entre su unión y su espacio compartido, muestran la fina sensibilidad que el artista sostenía durante este período, abriendo paso a otro más, el autorretrato. Obras como “Trastorno de un ciego”, “Retrato Segmentado”, “La de los tristes destinos” y “La codiciosa de las Sicilias”. Maneras de autorretratarse volviendo al aspecto lleno, a la condición amplia del sujeto, trazos enérgicos que vienen y van, intentando recuperar un pasado y alcanzando un futuro que no existen.

 

La eterna batalla entre el entorno y el ente, una separación que nos aleja de nosotros mismos, de nuestra esencia, y a la vez nos pone en sintonía en un cauce en el que nos dejamos llevar. Una ida y venida entre que parece llevarnos por este recorrido sobre sueños no alcanzables en espacios que no existen nada más que dentro de nosotros. Una reflexión que no dejará a nadie indiferente, un camino que espero disfrutéis y que os hará trasladaros allí donde queráis llegar.

 

 

 

 

Por Navy Muluk.

16 de Abril del 2019.

Madrid, España.

BICEFALIA

© 2019 by NavyMuluk. 382 room.

  • Vimeo - Círculo Negro
  • Instagram - Negro Círculo